El mate, la infusión más elegida por los futbolistas del sur de Sudamérica, se propaga con rapidez por toda Europa y empieza a sumar adeptos en los clubes de Alemania. La Bundesliga en Español charló con Emiliano Insúa y Marcelo Saracchi sobre la bebida que también eligen Serge Gnabry, Kevin Trapp y otras estrellas del fútbol germano.

Es una infusión, pero no es té ni un café. Representa mucho más que una simple bebida. Es un ritual, una forma de vivir. En el mate hay intangibles que sólo las personas del sur de Sudamérica pueden comprender. Su sabor es amargo –aunque también puede beberse con endulzante– e intenso, lo que hace que en la mayoría de las culturas ajenas no cause una buena impresión. Su aspecto genera rechazo y cuesta entender de primera mano como una bebida más bien agria, que requiere técnicas específicas de elaboración, es tan venerada. Pero no sólo es agua caliente sobre hojas y ramas secas molidas, es un cúmulo de sentimientos. Hacer mate es iniciar una ceremonia.

Sobran los puntos en común entre el mate y el fútbol de Sudamérica. Son calientes, intensos y elaborados, construyen lazos y generan un goce incomparable. Resulta imposible esquivarlos. Son pasiones que se heredan. Campos, potreros y balones despiertan esa pasión dormida y generan un amor eterno. Lo mismo hace el mate cuando pasa de mano en mano. Su ritual arropa lentamente desde los primeros sorbos, que plantan un vínculo que germina lento y se fortalece en el tiempo.

Estos pilares de la cultura sudamericana se han unido para darse a conocer al mundo, porque esos jugadores que se transformaron en materia prima del fútbol europeo han hecho del mate una costumbre en los vestuarios de las principales ligas de Europa, incluida la Bundesliga.

De los nativos de Sudamérica al fútbol europeo

Desde hace unos tres siglos que se consume en Paraguay, Argentina, ​Uruguay y en el sur de Brasil. El mate, que preferentemente es muy caliente y amargo pero también se bebe dulce, o se prepara con agua fría (conocido como tereré) cuando atacan las altas temperaturas y pueder servirse en recipientes de tamaños variados, ha perdurado en el tiempo como la bebida que no distingue de contextos. Cualquier momento es el correcto para verter agua caliente en un recipiente con yerba y beber dicha mezcla con una bombilla. Encaja a la perfección como nexo en una charla colectiva y también como bálsamo en el silencio y la soledad.

"El mate es como una hermandad, por eso se toma con amigos o en familia. En el fútbol se consume entre compañeros y une al equipo. Es una tradición", explica el uruguayo Rubén Sosa, ex futbolista del Borussia Dortmund, quien a principios de los '90 llegó a Alemania desde el fútbol italiano. Ya había jugado en España. En Europa siempre lo mantuvo oculto, nunca lo hizo entrar en ningún vestuario. Y menos en el que obedecía las órdenes de Ottmar Hitzfeld.

"En Europa no conocían el mate y era difícil explicarles que era una especie de té que se bebía en familia. Había menos información que ahora. Cuando yo jugaba en el fútbol italiano, bebía mate con algunos argentinos en el coche yendo al entrenamiento pero lo dejábamos ahí, no lo entrábamos al vestuario. Al llegar a Alemania ya ni siquiera lo sacaba de mi casa, mis compañeros nunca me vieron consumir mate", rememora Sosa, que jugó con Los Negriamarillos en la temporada 1995/96.

Una experiencia similar tuvo el argentino José Basualdo, quien llegó al VfB Stuttgart en 1989 y también decidió que el mate sea parte de su intimidad. "Nunca lo lleve al club ni se lo hice conocer a mis compañeros", confiesa 'Pepe', quien tuvo una experiencia que jamás olvidó con un inexperto consumidor, un hombre que conoció en el hotel en el que vivió sus primeros meses.

"Recuerdo que me había hecho amigo de un muchacho italo-alemán que tenía la concesión del restaurante del hotel en el que yo me viví los primeros meses y fue, por decir de alguna manera, mi primer traductor. Él siempre me veía tomar mate a la mañana y a la tarde, entonces empezó a probarlo. Un día me pidió que le enseñe a prepararlo y, por cortesía, se ofreció a hacérmelo a mí. En un momento veo que pone el agua y lo bebe, e hizo una cara muy rara. Se sacó la bombilla de la boca y empezó a tirar la yerba a la basura. La yerba en esa época era como el oro, porque no se conseguía fácil en Alemania. Yo lo quería matar. Le pregunté por qué la había tirado y me dijo que estaba feo. Le tuvo que explicar que los primeros mates son más amargos que los siguientes, ya que la yerba se va ‘lavando’ de a poco. Después aprendió a tomar y, aunque mucho no tomaba, era una compañía y me evitaba tener que tomar mate solo", recapitula Basualdo.

Eran épocas de información escasa, lo que hacía que el consumo de mate pueda ser visto de una forma aún más extraña de la que se ve ahora. No obstante, poco a poco, esta costumbre fue abriéndose paso en los herméticos camerinos de los clubes alemanes.

"Yo nunca dejé de tomar mate y siempre lo llevaba a la concentración y a las pretemporadas. Quizás alguna mañana también lo consumía en el desayuno en el club. Lo que sí, ninguno de mis compañeros tomaba ni se animaba a probarlo. He compartido algunos con un chico ecuatoriano que jugó en el club (Cristian Ramírez) o con el brasileño Gáuber, que es como mi hermano. Pero lógicamente que ellos no bebían como bebemos los argentinos o los uruguayos, que podemos consumir mate todo el día. No estaban acostumbrados", dice el argentino Javier Pinola, quien jugó una década en el 1. FC Nürnberg (2005-2015) y, pese que a hizo que el mate cruce la frontera del vestuario, no consiguió imponer la tradición a los europeos. Pero eso sería cuestión de tiempo.

El mate coloniza Alemania

Por estos días, el mate ya ha logrado encantar a los jugadores europeos. Dentro de las conclusiones que ha dejado la Copa Mundial de la FIFA de Rusia 2018, como la importancia del balón detenido o que la tecnología influye en la mejora del fútbol, también quedó en claro que esta tradición se ha instalado en todos los vestuarios. Y la Bundesliga no es ajena a ese fenómeno. Hay figuras como Serge Gnabry, delantero del FC Bayern München, que consumen mate como si fueran sudamericanos. Ya se lo ha visto bajar del bus con su propio mate desde su época en el TSG 1899 Hoffenheim.

Otro de los integrantes habituales de Die Mannschaft que se ha sumado al consumo de mate es el portero Kevin Trapp, quien al llegar en el último mercado de pases al Eintracht Frankfurt aprovechó que el capitán es argentino para pedirle un mate propio. "Él me dijo que le gustaba y que quería que le consiga uno. En París veía a los argentinos tomar y lo probó, así que le conseguí el suyo y le tuvo que enseñar a prepararlo", explica David Abraham, quien pese a ser argentino no muy aficionado a esta tradición y por eso no la lleva al vestuario. En Frankfurt no es como en Stuttgart.

"El mate ya es parte del vestuario del VfB Stuttgart, todos saben lo que es y lo llevamos todos los días para desayunar en el club. La primera vez que bebí mate en el vestuario fue cuando llegó Santiago Ascacíbar, ahí empecé a llevarlo al club porque tenía con quien compartirlo, que al fin y al cabo es lo más lindo del mate. Ahora, con Nico González, somos tres los argentinos que estamos en el vestuario y a la mañana compartimos el mate. Lo tengo siempre arriba de mi casillero. Lo consumimos antes y después de entrenar, en los viajes, ya sea en bus o en avión, y en las concentraciones", explica el argentino Emiliano Insúa, referente de Los Suabos, quien revela que es un gran amante de esta bebida.

Insúa, que lleva más de 10 temporadas en Europa y atraviesa su cuarta campaña en Alemania, encuentra en el mate un amigo ideal: "Para mí el mate es un fiel compañero, lo bebo en todo momento. A la mañana y a la tarde, incluso a veces después de almorzar. Consumo aproximadamente uno o dos litros por día. En casa lo comparto con mi mujer y por suerte a mis compañeros de equipo les gusta mucho así que nos hacemos compañía."

Y cuando habla de la aceptación que tiene el mate entre sus colegas, no sólo se refiere a los argentinos, ya que también los europeos lo han incorporado. "Erik Thommy, un jugador alemán que llegó al club este año, es al europeo que más le gusta el mate. Ya un poco lo conocía porque jugó en el FC Augsburg y compartió plantel con Raúl Bobadilla. Tiene su propio mate en su casa, no lo trae al club porque está el nuestro y compartimos ese. Nos pide mate a Ascacíbar y a mí. También Pablo Maffeo toma bastante porque, si bien es español, su madre es argentina", cuenta el defensor.

Pese a que suma varios adeptos, en Stuttgart no hay tanto furor como en Leipzig, donde desembarcó hace pocos meses el uruguayo Marcelo Saracchi, quien llegó con 10 kilos de yerba en el equipaje (ya tuvo que pedir más) y confiesa que el mate es muy solicitado por sus compañeros. "La primera vez que bebí mate en el vestuario fue un poco raro para mis compañeros, porque algunos lo conocían y otros no. Pero se fueron acostumbrando. Ahora ya les resulta normal, entendieron que forma parte de mi cultura, y algunos de mis compañeros se acercan a pedirme y les convido. El mate siempre va a estar como uno más del equipo", describe el jugador charrúa.

Saracchi, particularmente, consume mate "dos o tres veces al día" y cuenta que cada sorbo tiene un sabor muy especial. "Para mi simboliza mucho. Es mi fiel compañero en el vestuario y desde chico te lo inculcan en casa, uno nace con el mate al lado. En Uruguay es algo normal, está incorporado a la sociedad, todo el día ves gente en la calle tomando mate y en tu casa también se toma mate. Ya termina volviéndose normal y parte de uno. Yo notaba que mis compañeros pensaban que era como cafeína para mí o que tenía algún componente energizante, pero yo trato de explicarles que para mí es solamente algo cultural. Es un compañero, un amigo, cuando estoy solo siempre está ahí", detalla.

Ver a Saracchi con el termo bajo el brazo, sintiéndose constantemente acompañado, generó la curiosidad del resto de los jugadores de Los Toros, que no dudaron en probar y agarrarle cariño a la bebida que impuso el lateral izquierdo que por su rendimiento en la Bundesliga fue convocado por jugar con La Celeste.

"Acá en el plantel muchos hay unos cuantos que empezaron a tomar mate y me pidieron si les podía traer de Uruguay para tener su propio mate. Ya le traje a Diego Demme, a 'Ilse' (Stefan Ilsanker), a mi traductor y a uno de los preparadores físicos del equipo. Ahora tengo encargados tres mates más, que a la próxima persona que venga a visitarme desde Uruguay se los voy a pedir. Que mis compañeros se interesen y me pidan que les traiga mates desde Uruguay está bueno, es un motivo de alegría. Para nosotros los uruguayos mostrar nuestra cultura es muy importante", explica 'Chelo' Saracchi, quien empieza a transmitir poco a poco sus tradiciones en su vestuario.

Es una bebida, pero no sirve para calma la sed. Es la idiosincrasia argenta, charrúa y guaraní. Genera conversación si se bebe en grupo y acompaña al que lo hace en soledad. Marida bien con el fútbol porque ambos transmiten los mismos valores, principalmente la unión. El mate siempre dice presente. En verano o invierno. Entre ricos, pobres, viejos y jóvenes; puede encantar a cualquiera. Los futbolistas, ahora incluidos los europeos, jamás volverán a sentirse solos. Ni en los éxitos ni en las derrotas. Porque aún cuando ya no quede nada, siempre habrá un recipiente, yerba y agua caliente.