Antes de Insúa, Ascacíbar y Nico González, incluso previamente al gran paso de Pardo y Osorio o del brasileño Dunga, el VfB Stuttgart disfrutó del talento del argentino José Basualdo, quien en diálogo con la Bundesliga en Español recordó sus años en la liga alemana. Descubra la imperdible historia del primer futbolista latino del club suabo.

“MV” no es una simple sigla en Stuttgart. Esas dos letras en conjunto remiten a Gerhard Mayer-Vorfelder, el presidente que devolvió al club a lo más alto. MV se hizo cargo de la directiva a mediados de los ‘70, regresaron a la primera división y durante su gestión, el equipo empezó a ser uno de los protagonistas de la Bundesliga y logró además su mejor actuación europea: subcampeón de la Copa UEFA 1988/89. Aquel equipo de Los Suabos, dirigido por el holandés Arie Haan, que había acabado la liga alemana en el quinto puesto, perdió la final ante el famoso SSC Napoli de Diego Armando Maradona, el rey del fútbol de aquella época.

A poco más de un mes de aquel partido, Haan viajó al norte de Brasil y vio de cerca otra vez al astro argentino. Esta vez como espectador de la Copa América. La albiceleste era la vigente campeona del mundo y Maradona su Dios en el campo, pero el DT del VfB Stuttgart no le prestó atención alguna al “Diego”. Observaba a uno de sus laderos, un volante que lucía el dorsal 3. Piel morena, delgado y rostro de niño. Traslado de balón elegante y buena técnica. Sus ojos estaban fijos en José Horacio Basualdo, quien había escalado del fútbol amateur a la selección argentina en sólo un puñado de temporadas. Y, lógicamente, mientras mostraba sus mejores cualidades ante Uruguay, desconocía que iba a camino a convertirse en el primer latino de uno de los clubes más importantes de la Bundesliga.

De Corrientes a Alemania

Todo sucedió a sus espaldas y él no lo supo hasta que no finalizó la Copa América en la que Argentina sólo sumó un punto en la fase final. Basualdo regresó a la provincia de Corrientes, en el nordeste argentino, ya que jugaba en Club Deportivo Mandiyú, equipo que lo fichó cuando jugaba en la Tercera División y con quien había conseguido el ascenso a la élite en 1988. Al llegar, le comunicaron que debía empacar y subirse a un avión -algo que muy pocas veces había hecho en su vida- para irse a jugar a Alemania.

“El VfB Stuttgart acababa de vender a Srecko Katanec a la Sampdoria y Arie Haan estaba buscando un volante de esas condiciones. Estaba de vacaciones en Brasil y fue a ver el partido de Argentina-Uruguay de la Copa América, donde justo yo fui titular y jugué bien. Cuando regresé, el presidente Eduardo Seferian me informó que me habían vendido a un club alemán. No estaba en mis planes ir a Europa, era algo impensado para mí”, recuerda José Basualdo en diálogo con la Bundesliga en Español.

La transferencia le generó dudas. Estaba cómodo en Corrientes, se sentía tan a gusto como en Campana, una localidad a 80 kilómetros del corazón de Buenos Aires, su ciudad natal. Basualdo recuerda que tenía miedo de salir de la órbita del seleccionador Carlos Bilardo y fue el propio DT quien lo hizo aceptar la oferta: “Tenía pensamiento muy de pueblo y al principio no me quería ir. Pensaba que Bilardo no me iba a ver y no iba a jugar más en la selección argentina. Pero él mismo me convenció de que el cambio me iba a hacer bien para mi estilo de juego y para lo que él pretendía, me dijo que era una opción ideal para mí. No sabía bien dónde iba pero confié en sus palabras.”

Basualdo se marchó sin conocer con exactitud su destino, pero creyendo en el técnico que lo vio por primera vez con 17 años en una final de ascenso a segunda división y no le perdió el rastro porque sabía que tarde o temprano llegaría a Europa. Viajó a Frankfurt con escala en España y tuvo la esperanza de que alguien se encuentre con él en su primera parada para llegar acompañado a su destino final. Sin embargo, Basualdo tuvo que completar la trayectoria transoceánica solo y esperar hasta pisar suelo germano para tener contacto con el agente que auspició su llegada a la Bundesliga.

“En la transferencia, mi representante era Oscar Iparraguirre, que trabajaba con los agentes Enzo Gennoni y Alberto Poletti. Yo pensaba que iba a encontrar con ellos en mi escala en España, pero no apareció nadie. Yo seguí al malón, me subí al segundo avión y bajé en Frankfurt. Era la primera vez que viajaba a Europa. Por suerte cuando llegué a Alemania, Iparraguirre pasó del lado donde estaban los pasajeros y me dio la bienvenida. Me sacó un peso de encima porque estaba muy perdido. Tuve una charla de bienvenida con él, y ahí nos fuimos en automóvil hasta Stuttgart. Me hospedé en un hotel en el bosque, estaba todo nevado porque era diciembre. Al otro día me llevaron al club, me presentaron a Arie Haan y firmé mi contrato por tres años. Era todo increíble”, explica ‘Pepe’.

Una vida impactante en Stuttgart

La vida de Basualdo cambió para siempre. Stuttgart lo sorprendía a cada paso. Llegó de forma abrupta al primer mundo y se encontró con un estilo de vida muy distinto al sudamericano. Al charlar con la Bundesliga en Español, rememora que “el día a día era impresionante porque había mucho orden” y no puede evitar contar una anécdota que tiene como protagonista a su hermano: “Los domingos no se podía usar agua, era para cuidarla, y mi hermano estaba lavando el coche en la puerta de la casa. Llegó la Policía y tuve que salir urgente a explicarles que no sabíamos que estaba prohibido. También estuve un año pagando multas de tránsito, aprendí a conducir a base de multas.”

Poco a poco se acostumbró a la idiosincrasia germana y a la cotidianeidad de un país que estaba muy avanzado para la época. “Hasta los taxis eran de ‘Mercedes’, yo era la primera vez que me subía a uno”, ejemplifica el ex futbolista suabo. Pero no todo era alegría, ya que le tocó pasar mucho tiempo sin compañía. No solamente tuvo que adaptarse a su nueva vida en la soledad absoluta, también aceptar la realidad de que en una época sin Skype o WhatsApp, conocer a su hija recién nacida debía esperar por culpa de la distancia.

“Yo pensé al principio que viajaba a hacer la revisión médica y volvía a mi casa antes de empezar a jugar. Pero el campeonato de la Bundesliga ya estaba por empezar y tuve que quedarme. Mientras estaba ahí, nació mi hija Carolina. La conocí ya cuando tenía tres o cuatro meses. Yo no podía volver y no la podían traer porque era muy chica para viajar en avión. No quedó alternativa que verla primero por foto y escuchar sus llantos por teléfono, porque no había mucha tecnología. Me mandaban las fotos por correo electrónico. También recuerdo que mi hermano me trajo algunas fotos impresas cuando vino a visitarme”, relata Basualdo, quien logró sobrellevar estos duros momentos con ayuda de una plantilla solidaria.

José Basualdo pasea por las calles de Stuttgart en marzo de 1990 junto a su mujer Silvina y su hija Carolina.

Pese a que no había otros jugadores latinos, se sintió cobijado por el grupo. Según detalla, los futbolistas y los directivos del VfB Stuttgart se preocupaban por su bienestar: “Tuve mucha suerte porque yo era extranjero y era bastante duro no saber el idioma, pero los jugadores se preocupaban mucho por mí. Me llevaban a almorzar o a cenar, o me pasaban a buscar para salir. El yugoslavo Demir Hotić era uno con los que estaba constantemente. Yo no hablaba nada de su idioma pero ellos hacían un esfuerzo por entenderme y hacerme sentir cómodo. El presidente del club también se preocupaba mucho por mí, hacía que su secretaria aprenda palabras para comunicarse conmigo. Sentía mucho cariño.”

Además, sus buenas actuaciones le abrieron las puertas a otros jugadores argentinos y todo se hizo mucho más fácil. “Después llegaron algunos colegas, como ‘Pelusa’ Cardoso, Marcelo Carracedo o Sergio Zárate, con quienes vivíamos lejos pero nos veíamos. Fuimos una o dos veces a comer todos juntos. Recuerdo otra vez que jugué Copa UEFA con el VfB Stuttgart y Silvano Maciel, que jugaba en el FC Homburg, vino a verme. Le ganamos 2-1 al Bayern Múnich e hice un gol”, narra el jugador que siente que se hizo profesional en el fútbol alemán.

La escuela alemana y el Mundial ‘90

Carlos Bilardo lo había vaticinado y el pronóstico de un entrenador de su calibre rara vez falla. El fútbol alemán transformó a Basualdo en un mejor jugador, mejor de lo que ya era. A su talento, su capacidad de improvisación y su desparpajo, le agregó sentido de ubicación, lectura de juego y conceptos fundamentales para convertirse en un jugador con posibilidades de jugar una Copa del Mundo.

“Debuté contra el 1. FC Köln en Colonia. Al principio andaba a contramano de todo, me costó agarrar ritmo. Tuve que cambiar mi estilo de juego, porque yo era un jugador muy de ‘potrero’, no hice categorías inferiores. Llegué a Villa Dálmine, mi primer club, directamente de torneos amateurs que se jugaban por dinero. En Alemania me convertí en profesional. Aprendí a jugar con dos o tres toques para llegar a los costados rápido, enviar un centro y que el ‘9’ defina. Había mucha presión física, eso me ayudó mucho para evolucionar mi fútbol”, confiesa ‘Pepe’, que fue rival de jugadores de la talla de Klaus Augenthaler, Andreas Möller, Thomas Häßler o Jorginho.

Sus buenos partidos en Alemania le dieron un lugar en la lista de la Selección Argentina para la Copa Mundial de la FIFA 1990, a donde el combinado albiceleste defendía el título obtenido cuatro años antes en México. Diego Maradona no estaba físicamente al 100%, pero su zurda conservaba la magia que lo había convertido en el mejor futbolista del planeta. Y Basualdo estaba dentro de sus mejores socios, la Bundesliga lo había convertido en un mediocampista versátil, dinámico y práctico.

“Jugar en el fútbol alemán me sirvió para poder ocupar varias posiciones. Al ser volante y manejar ambas piernas, no tenía problemas de perfil. Me ayudó a resolver con pocos toques, retener menos la pelota y hacerla correr más rápido. La Bundesliga fue muy importante para mí”, explica uno de los dos jugadores del VfB Stuttgart que jugó aquel Mundial en Italia. El otro era Guido Buchwald. Ambos llegaron a la final y revolucionaron a la ciudad.

Basualdo y Buchwald luchan por una pelota durante la final de la Copa del Mundo de Italia 90.

“Cuando nos despedimos antes de irnos al Mundial nos dijimos en broma ‘nos vemos en la final’. Y el último día previo a la final, en el reconocimiento de campo, salíamos nosotros y entraban ellos. Nos cruzamos y nos reíamos. La prensa local cubrió mucho nuestro papel porque dio la casualidad que el VfB Stuttgart tenía un campeón y un subcampeón del mundo en su equipo, era un momento muy lindo. Dos jugadores del mismo club en la final”, describe Basualdo.

Un adiós con sabor amargo

Después de 44 partidos con la camiseta del Los Suabos, a Basualdo le tocó partir. Fue un adiós involuntario, aunque también necesario. Perdió lugar en el equipo y, según revela, fue por motivos extradeportivos: “No quería irme pero llegó Christoph Daum, un entrenador que no quería a los jugadores latinos, sólo le gustaban los alemanes. Yo hablaba con mi agente para que averigüe qué tenía que hacer para jugar. Después trataba de hacer lo que el técnico supuestamente quería pero la situación no cambiaba. Ahí salió a la luz que no quería contar con jugadores sudamericanos. Hablé con los directivos y, como Daum se quedaba un año más, me buscaron un equipo en Argentina. Primero vine a préstamo a Racing Club y después apareció Vélez Sarsfield que me compró el pase.”

José Basualdo celebra uno de sus goles con la camiseta del VfB Stuttgart.

Quién sabe qué hubiera pasado si Daum no hubiera tomado el cargo. Quizás José ‘Pepe’ Basualdo seguiría ligado a Stuttgart. Parte de su corazón aún está allí y se alegra de que sea actualmente el equipo más ‘argentinizado’ de la Bundesliga. “Me pone contento saber que cada vez hay más argentinos en el VfB Stuttgart. Últimamente se nos había hecho difícil recalar en el fútbol alemán, que es un fútbol para los argentinos demasiado físico, pero tienen que adaptarse al que, para mí, es el mejor fútbol en el que me tocó estar”, festeja el primer latino de Los Suabos.

>>> Conozca toda la historia latina del VfB Stuttgart