Resumen

  • En una plantilla tan diversa como la del Eintracht Frankfurt, el técnico insiste en la importancia de la comunicación.
  • Las competencias sociales son importantes para cualquier entrenador, dice Kovac.
  • Frankfurt tiene en su técnico, a un gran aliado de la integración.

Un croata dirige a un club alemán que tiene jugadores de 17 nacionalidades diferentes. Para muchos, un reto. Para Niko Kovac, una ventaja. El éxito del Eintracht Frankfurt visto a través de los ojos de un fiel defensor de la nueva manera de dirigir en el fútbol.

Pregunta: Sr. Kovac, en su plantilla hay jugadores de 17 países distintos, entre ellos España, Japón, México, Suiza y Alemania, entrenados por un croata nacido en Berlín.

Niko Kovac: Dígalo sin miedo. Una selección internacional.

¿Cómo funciona eso?

Bien. Sé que hubo mucho escepticismo por mi plantel. Pero funciona bien.

¿Por qué?

Porque el fútbol une a los muchachos. El fútbol es su idioma. Claro, hay veces que hay dificultades de entendimiento. Pero típicamente fuera de la cancha, y ahí tenemos traductores. Pero sobre el campo se entienden. Me parece extraordinario, porque estamos experimentando algo que debería ser así en todo el planeta.

Explícitamente…

Humanidad y solidaridad. Para nosotros no es un tema de nacionalidad, de color de piel o religión, sino de tener las ganas de dar el todo por nuestros objetivos.

Usted creció en la zona de Wedding, en Berlín, la cual es tratada como una zona “multicultural” e incluso “problemática”. ¿Están allí las raíces de esto?

Eso me marcó. Soy el hijo de inmigrantes. Pero eso nunca me dejó rastros, jamás me sentí como un extranjero o foráneo. De niños nunca hubo nacionalidad o fronteras. O se era un muchacho bueno, o no se era. Pero eso no tenía nada que ver con el país de origen de los padres de uno. Todos somos humanos, nos tenemos que respetar y tolerar cuando la gente haga las cosas de forma diferente a como estamos acostumbrados. No me gusta pensar en esquemas rígidos.

La comunicación es clave para Niko Kovac, técnico de jugadores provenientes de más de 15 países diferentes. © gettyimages / Maja Hitij

Eso debe serle útil en su actual trabajo.

Es así. Como entrenador, siempre hay situaciones en las que se debe asimilar diferencias culturales bajo el mismo techo. Busco que mis muchachos puedan vivir su cultura. De lo contrario, los estoy limitando. También a veces presiono un poco, y busco que las cosas se reorganicen por su propia cuenta. Si sancionara todo lo que no marcha exactamente acorde al plan, tendrían bastante más que hacer.

De un grupo heterogéneo, armar una unidad. ¿Es esa la principal función de un entrenador?

También se debe tener entendimiento de lo que se hace. Sino, de nada sirve el tacto con que uno hace las cosas. Pero sí es así: la competencia social es algo cada vez más importante para los entrenadores. Porque no sólo diriges a una plantilla de jugadores, sino también a un equipo de trabajo que es casi igual de grande.

Prácticamente un doble trabajo.

En el día a día consume bastante tiempo estar pendiente, conversar, tener reuniones. El fútbol está en el centro, pero es muy importante que el ambiente que lo rodee sea bueno. Si es así, se pueden resolver detalles en lo futbolístico que una plantilla eventualmente afronta.

¿Es esa la receta del éxito del Frankfurt?

Por lo menos, una porción considerable de ella. Ya para finales de la temporada pasada, cuando afrontábamos la pelea por el descenso y parecíamos ir sin rumbo, fue eso lo que hizo la diferencia. El equipo fue el protagonista, no un solo individuo, y eso sigue siendo así hoy en día.

¿Y usted promueve eso?

Eso intento, si. A medida que los respeto a todos, también los tomo en serio. Mire, yo terminé mi carrera a los 37, y ahora tengo 45. Esta es todavía mi generación a la que entreno. Por eso los entiendo tan bien. Así es que puedo tener una relación tan abierta con mis jugadores; ser una especie de amigo aún cuando como técnico les debo dejar las cosas en claro. Tener confianza en los jugadores es lo más importante.

¿Se aplica esto en un medio en el que pareciera que cada uno piensa primero en sí?

Es verdad, el fútbol es yoísta, y se está atento primero a si los jugadores ven minutos, están saludables y felices. Pero eso no significa que uno no puede trabajar en formar una unidad en la que cada uno salga a pelear por el otro. Los jugadores deben ver que pueden tener mayor éxito así,  a cuando hagas las cosas por su propia cuenta. También está permitido que sientan temor si sienten molestia, si no les salen las cosas bien. Sé de lo que hablo.

¿Porque usted tuvo esos temores cuando era jugador?

Al menos anteriormente había entrenadores que utilizaban el miedo como motivación, como medio para empujar a los jugadores. Eso sirve tal vez al corto plazo, pero no es una solución sostenible mantener a los jugadores asustados. Mi manera de ver las cosas es diametralmente opuesta.

¿Y cómo es?

No quiero obligar a mis jugadores a nada. Conmigo no hay un “usted tiene que hacer”. Quiero demostrarles qué es lo que espero de ellos. Para ello les debo explicar por qué les pido una u otra cosa.

Marco Fabián volvió a la acción en la Fecha 25, feliz de serle útil a su club.

Eso era diferente cuando usted seguía activo como jugador.

La imagen del entrenador era diferente, al menos. Antes el entrenador era casi siempre el hombre más fuerte del club. Ya hoy en día eso no se entiende de la misma forma. Pese a que el entrenador sigue siendo una figura de autoridad, ya no le sirve hoy en día aquello de “haz esto, haz aquello”.

¿Por qué no?
Porque los jugadores son mucho más emancipados hoy en día. Se venden por redes sociales prácticamente por su propia cuenta, tienen equipos de asesores para su apoyo. No se les puede dar de mantra “matar o morir”. Hay que explicarles las cosas, y eso me parece que está bien.