Resumen

• Alemania es la segunda selección con más Copas del Mundo tras Brasil y con el mismo número de trofeos que Italia.

• El Milagro de Berna recuperó la fe y la ilusión de una nación que despertó su gen ganador.

• En el Mundial de Rusia 2018, los de Joachim Löw defenderán el título logrado en Brasil hace cuatro años.

Alemania es el país europeo con mayor número de Copas del Mundo en sus vitrinas junto a Italia. La tetracampeona inició su dorado camino con el Milagro de Berna, consiguió su segundo título como anfitriona, y se alzó con el trofeo más deseado del fútbol en los países que compiten con la Mannschaft por ser la selección que más mundiales han logrado a lo largo de la historia. Suiza’54, Alemania’74, Italia’90 y Brasil’2014 fueron conquistadas por Alemania. Rusia 2018 puede ser el próximo.

El Milagro de Berna

La Copa del Mundo de Suiza 1954 representaba el regreso de la Alemania Federal a las competencias internacionales tras ser vetada por la FIFA a raíz de la Segunda Guerra Mundial. La selección dirigida por Sepp Herberger estaba encuadrada enel Grupo B junto a Turquía, Hungría y Corea del Sur.

Curiosamente, todo empezó en el Wankdorfstadion de Berna. Alemania Federal vencería en su primer partido a la selección turca por cuatro goles a uno, resultado muy diferente al sufrido días después ante los Magiares de Ferenc Puskás y Sandor Kocsis. El 8-3 recibido ante Hungría obligó a Alemania Federal a jugar de nuevo ante Turquía un partido de desempate, con resultado también favorable al equipo de Fritz Walter, Max Morlock o Hans Schäferentre otros.

En cuartos de final, mientras Brasil o Inglaterra caían, Alemania Federal conseguía doblegar a Yugoslavia por 2-0 sellando el pase a semifinales, donde esperaba Austria. El encuentro ante el país vecino acabó con un cómodo 6-1, un resultado que llevó a Alemania a vivir la primera final en su historia. El rival sería el mismo que les humilló en la fase de grupos. La Hungría de los Magiares.

El Milagro de Berna © DFL DEUTSCHE FUSSBALL LIGA

El 4 de julio de 1954, en el mismo estadio donde comenzó el torneo, será una fecha recordada para siempre. Nadie creía que Alemania Federal pudiera conseguir vencer a los mejores futbolistas de la época, los mismos días antes le habían endosado ocho goles. Pero los milagros existen.

El país azotado por la trágica Segunda Guerra Mundial vivió un punto de inflexión cuando vió a los suyos ganar un Mundial de fútbol. Y eso que los primeros ocho minutos de partido convertían los presagios en realidad. Ferenc Puskás y Zoltán Czibor pusieron el 2-0 en el marcador nada más empezar la final. Ni siquiera el tiempo acompañaba. Aún así, la reacción de Alemania Federal fue instantánea. Morlock y Rahn consiguieron empatar un partido que llegó a los minutos finales con tablas en el marcador. Hasta que el propio Helmut Rahn, Der Boss, certificó el milagro.

Las paradas de Toni Turek y la fe, fueron el antídoto para dar por terminada la racha de 33 partidos sin perder de Hungría, la selección que hasta ese mismo día dominaba el mundo.La gesta fue denominada El Milagro de Berna y pasó a formar parte de la historia de los mundiales.

Anfitriona y campeona

Alemania’74 fue el Mundial de las novedades. La Copa Jules Rimet fue sustituida por el trofeo diseñado por Silvio Gazzaniga, que perdura hasta la actualidad. También este año vimos por primera vez una expulsión directa mediante una tarjeta roja. El honor se lo llevó el chileno Carlos Caszely. Otra de las novedades fue el duelo entre Alemania Democrática y Alemania Federal, por primera vez en un Mundial y rivales en el Grupo 1. Ambas lograron el pase a la segunda ronda, que dejaban de ser octavos de final para convertirse en otra fase de grupos de cuatro equipos cuyos vencedores conseguirían el pase a la final del Olímpico de Múnich.

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Pero aquel campeonato será por siempre recordado por uno de los mejores partidos de la historia del fútbol. La final disputada por los Países Bajos y Alemania Federal permanecerá siempre en nuestra memoria. La Naranja Mecánica ante los jugadores que mejor fútbol desplegaban a nivel de clubes por aquel entonces.

Una vez más, Alemania Federal comenzó perdiendo una final desde los primeros minutos. En esta ocasión, Johan Neeskens fue el futbolista encargado de anotar el primer penalti y el gol más rápido en una final de Copa del Mundo. Pero la Mannschaft volvió a levantarse, como sucediera en Berna. El equipo comandado por Franz Beckenbauer remontó gracias a los goles de Paul Breitner y Gerd Müller. El guión no pudo ser mejor. En casa, ante el mejor rival posible, y de nuevo campeones.

Tercera final consecutiva, tercera Copa del Mundo

Tras perder las finales de España’82 y México’86, Alemania Federal viajaba a Italia asumiendo el reto de intentar vencer en un país que ya había visto a su selección levantar la Copa del Mundo hasta en tres ocasiones y que también visitaba un Diego Armando Maradona que buscaba su segunda Copa del Mundo consecutiva.

Alemania Federal jugó ante Yugoslavia, Colombia y Emiratos Árabes en la fase de grupos. Se obtuvo un pase fácil a siguiente ronda, donde esperaba Países Bajos. Hasta semifinales, el recorrido fue relativamente cómodo, pero Inglaterra ya sería un hueso duro de roer antes de la ansiada final. Andreas Brehme y Gary Lineker pusieron el 1-1 en el marcador y el finalista saldría de una tanda de penaltis que concluyó de manera impecable a favor de la Mannschaft. En Roma ya esperaba Argentina, que se deshizo de Italia de la misma forma que hizo Alemania Federal ante Inglaterra.

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Tetracampeona en el país de la samba

Veinticuatro años después de la última Copa del Mundo, Alemania sabía que debía aprovechar el momento de volver a alzar el trofeo de oro. En Brasil, la generación de Miroslav Klose, Per Mertesacker o Philipp Lahm pondrían fin a una bonita etapa con la Mannschaft. Pero antes, escribieron historia para su país.

En el Grupo G, Alemania no perdió ninguno de los partidos disputados ante Portugal, Ghana o Estados Unidos, mostrando mejor fútbol que sus potenciales rivales en el torneo. En octavos de final esperaba una sorprendente Argelia, que no puso fácil la clasificación llevando el partido hasta la prórroga. En Maracaná, Alemania tuvo como rival a Francia. Un tanto de Mats Hummels fue suficiente para otorgar a la Mannschaft el pase a semifinales. El siguiente partido merece un punto y aparte.

El Estadio Mineirao de Belo Horizonte sería testigo de una de las mayores exhibiciones de la historia. La selección dirigida por Joachim Löw protagonizó una de las goleadas más escandalosas que se recuerdan. Alemania le hizo un siete a Brasil, ante sus propios compatriotas. Una primera mitad de ensueño, una pentacampeona bloqueada ante el rodillo teutón y un camino de rosas para una nueva final.

Y llegó el día más esperado. A falta de 2 minutos antes de escuchar los himnos, saltaban las alarmas. Sami Khedira se lesionó calentando y Christoph Kramer sería su sustituto en su primer partido como titular con Alemania. Los contratiempos aparecían en forma de pruebas hacía Joachim Löw. Todas ellas, resueltas con maestría y acierto. La lesión del propio Christoph Kramer a los 32 minutos obligó al seleccionador alemán a meter a André Schürrle y cambiar sobre la marcha la disposición sobre el terreno de juego de sus chicos. Finalmente, el propio André fue el encargado de asistir a Mario Götze, otro futbolista que comenzó el partido desde el banquillo. El joven jugador bávaro se erigió como el gran ídolo del Mundial 2014. Su tanto, quedará para siempre en la retina de los amantes del fútbol. Su definición, también forma ya parte de la historia la una selección que se convirtió en tetracampeona del mundo.

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