Alemania defenderá su condición de Campeona del Mundo tras proclamarse vencedora en Brasil 2014 - © DFL DEUTSCHE FUSSBALL LIGA
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Bundesliga

Así se hizo la cuarta estrella para Alemania: El Mundial de Brasil 2014

La selección dirigida por Joachim Löw fue justa vencedora y se mostró capaz de evolucionar en su juego a lo largo del campeonato. El sistema utilizado al principio y al final del torneo varió en función del estado físico de ciertos jugadores y del rendimiento ofrecido por éstos en cada partido. Así se hizo la cuarta estrella de Alemania.

La primera idea

Joachim Löw dijo antes de iniciar el campeonato que no necesitaba jugar con laterales profundos para crear peligro en ataque. La decisión estaba tomada en firme. El técnico alemán comenzó el Mundial jugando con cuatro centrales atrás.

Si bien Jérome Boateng y Benedikt Höwedes han actuado en varias ocasiones como laterales, sus principales virtudes destacan cuando lo hacen en el centro de la zaga. La condición física de Sami Khedira y Bastian Schweinsteiger obligaba al seleccionador de Alemania a modificar su centro del campo habitual y copiar en cierta medida, una de las decisiones más aplaudidas de Pep Guardiola en el Bayern München.

Philipp Lahm actuaría de mediocentro defensivo desde el principio. Arriba, se apostó por la movilidad entre líneas respecto a la posibilidad de jugar con el único nueve fijo que disponía, Miroslav Klose.

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La fase de grupos

El comienzo no puede ser mejor. Ante Portugal no se sufrió, el centro del campo fue dueño y señor del partido -aunque Lahm comete dos errores graves en la salida de balón- y arriba, Thomas Müller dejó claro que era un nueve idóneo para el estilo que pretendía Joachim Löw.

Primera prueba, superada. El segundo escollo sería Ghana. Quizás, el partido que menos controló Alemania. Los africanos y su físico pusieron contra las cuerdas al conjunto de Löw. A pesar de empezar ganando, la Mannschaft se puso por debajo en el marcador en apenas diez minutos. Miroslav Klose fue esta vez el salvador. La inclusión del mítico delantero empezaría a tomar fuerza para Löw a partir de este partido. Si necesitas un delantero centro, siempre está Miro. El casi intrascendente duelo ante USA también sirvió para algo.

Los alemanes no atienden a pactos. El empate valía a ambas selecciones pero no a Thomas Müller. El bávaro siguió demostrando su estado de gracia y volvió a mojar ante los americanos. Mientras tanto, Sami Khedira y Bastian Schweinsteiger alternaban minutos en busca del acercamiento a su plenitud física. Cada vez, mejores sensaciones.

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El punto de inflexión

El partido ante Argelia en octavos de final cambió definitivamente la idea inicial de Joachim Löw. La selección africana fue superior en la primera mitad y Alemania parecía impotente ante su rival. Una serie de acontecimientos ayudaron al seleccionador alemán a cambiar de estilo.

Mats Hummels fue baja por gripe y Shkodran Mustafi -otro central- ocupaba el puesto de lateral diestro desplazando a Jérome Boateng al centro de la defensa. La lesión del por aquel entonces jugador de la Sampdoria, obligó al técnico nacido en la selva negra a olvidarse de jugar con cuatro centrales atrás.

Sami Khedira entró en acción mientras Philipp Lahm volvía a su hábitat natural: el lateral derecho. La Mannschaft cambió. En cuartos de final, Joachim Löw se olvidó definitivamente de sus primeros pensamientos. Lahm ocupaba el carril diestro, Per Mertesacker se quedaba en el banquillo. Khedira y Schweinsteiger -por otro lado, la pareja que siempre utilizó Löw como técnico de la Mannschaft- se convertiría en la pareja de mediocentros encargada de frenar a una Francia que llegaba siendo una de las selecciones que mejor juego habían mostrado.

La vuelta de un lateral con recorrido también posibilitó la entrada de un hombre más fijo arriba, Klose sería el nueve. Alemania cuajó un gran encuentro y en todo momento, fue superior al conjunto de Didier Deschamps. En semifinales esperaba la anfitriona: Brasil.

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La semifinal más recordada de la historia

Por cuarta vez consecutiva, Alemania alcanzaba las semifinales. Un acontecimiento que podría ser histórico para muchos, menos para los alemanes. En un país con gen ganador no basta con estar entre los cuatro mejores. No hay que estar, hay que ganar. El rival, el peor posible. Brasil, en Brasil.

La historia estaba a punto de escribirse. El 8 de Julio de 2014 será desde entonces una fecha antológica. El gen ganador de Alemania floreció más que nunca. En once minutos, Thomas Müller ya se había encargado de poner por encima a su selección, pero lo mejor aún estaba por llegar. Cuatro goles en seis minutos.

Miroslav Klose batiendo el récord de Ronaldo -máximo goleador en los mundiales-, Toni Kroos dando un recital -dos goles y una asistencia- e incluso Sami Khedira mostrando su mejor nivel, una vez más, con la Mannschaft. Algo épico estaba sucediendo. Aquel día, todos vimos historia, escrita por los alemanes.

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La cuarta estrella se hizo realidad

 Y llegó la gran final. El once tipo de la segunda fase del Mundial sería el equipo titular, también ante Argentina. Pero a falta de dos minutos antes de escuchar los himnos, saltaban las alarmas en Maracaná. Khedira se lesionó calentando y Christoph Kramer -nunca antes fue titular con la selección- sería su sustituto. De jugar en la Bundesliga2 a ser integrante del once inicial en una final mundialista.

Tremenda responsabilidad. 32 minutos duró su sueño. Los contratiempos aparecían en forma de pruebas hacía Joachim Löw. Todas ellas, resueltas con maestría y acierto. La lesión de Kramer obligó al seleccionador alemán a meter a André Schürrle y cambiar sobre la marcha la disposición sobre el terreno de juego de sus chicos. Finalmente, el propio André fue el encargado de asistir a Mario Götze -otro cambio acertado durante el encuentro-. El joven jugador bávaro se erigió como el gran ídolo del Mundial 2014. Su tanto, quedará para siempre en la retina de los amantes del fútbol. Su definición, también forma ya parte de la historia.

 La evolución durante el torneo fue evidente. Las decisiones de Löw, en algunos momentos provocadas por elementos externos- siempre fueron acertadas. El Mundial lo ganó la selección más regular, la selección que se mostró más sólida y equilibrada. Ya lo dijo Gary Lineker, el fútbol es un juego donde al final, siempre ganan los alemanes.